Nos habría gustado conocer los límites de los sentimientos de quien,
sin avisar,
nos iba a abandonar.
A mí,
me habría gustado ser consciente del dolor que podría producir
no ser como ellos,
ellas,
aquellos
quisieran que fuese.
Quisiera haber sabido actuar ante la ida de espaldas
de quien ayer me decía
«para siempre».
Ahora, en la tierra a la que nadie acude,
me encuentro con la tristeza de ser quien soy
sin bailar en lagos de aguas ajenas.
A día de hoy, me encuentro en la tierra donde nadie
querría acudir por el frío de ser yo misma
ante la robótica del siglo XXI,
egoísmo.




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