Manos frías

A veces, si cierro los ojos muy fuerte e intento que el presente no se adueñe del pasado, aún recuerdo su mirada viva e intensa, su sonrisa dulce y sus manos frías. Tan frías que me hacían estremecer, aunque era imposible despegarme de su inmensa ternura.

Últimamente he logrado que una extraña sonrisa (parecida a la de una demente) se instale en mi rostro. He aprendido de manera rápida y convincente a fingir una tranquilidad que no siento y una esperanza de la que soy incapaz de disponer.

Me he sumido en lo que algunos se atreven a llamar dolor, aunque a mí solo me parece una tortura lenta e irritable, totalmente opuesta a la serenidad y al sosiego que conlleva el paso del temido y humano dolor.

Las noches se han convertido en un curioso aliciente de este juego que me está pareciendo eterno, aunque hace poco más de 48 horas que formo parte de él.

Si respiro profundamente e intento mantener la calma, un extraño escalofrío se adueña de esta espalda que está cansada de cargar con la tristeza infinita de quien siente la pérdida sin llegar a vivirla del todo; es inevitable llorar al cadáver, pero el destello de la esperanza dificulta llorar al ser amado que aún no se ha ido del todo.

El paso definitivo es la despedida, esa despedida cruda e insuficiente que te desalienta. Tres veces la he vivido ya, y soy incapaz de sobrellevar el tema con algo más de aplomo que la primera vez.

Es el temor a no lograr efectuarla y, a la vez, el miedo insuperable a realizarla, lo que me hacen mover de forma torpe. Como si me hubieran adormecido y fuera incapaz de ver más allá de esta fina agonía, que también se denomina comúnmente como espera.

 Y es que es en estos días que he recuperado esa extraña costumbre de agarrarme las manos con fuerza, para notar ese frío tacto que tanto me recuerda a tus caricias que derrochaban estima y bondad.

Qué extraña herencia me dejarás, una extraña y constante sensación gélida en las manos que, contradictoriamente, solo me recuerda a la calidez que desprendías antes de que el Alzheimer hiciera acto de presencia en tu vida y te alejara de la mía.   

Por: Núria Dot (España)

nuriaiswriting.wordpress.com


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