A la lástima, no se le aplaude

A veces solemos entregarnos a los abismos,

porque siempre ha sido más fácil caer que volar.

Por instinto o comodidad, suponemos que todo lo alcanzaremos,

arrastrándonos para poder decir que nos ensuciamos en el camino,

y para nuestra buena suerte, la gente le aplaude a los guerreros con harapos.

“Mientras más sucio, más esfuerzo y gloria”.

Pero ¿qué pasa si no quiero que me aplaudan?

Solo quiero poder volar de cielo en cielo,

sin tener que esquivar las montañas que se vienen hacia mí,

solo quiero decir y hacer las cosas a tiempo,

para regalar sin miedo unos cuantos “no” por respuesta.

Y no es que no haya caído, claro que sí.

He comido tierra y escupido sangre,

pero no sé si caer es lo que me ha hecho fuerte,

o simplemente son estas alas que no puedo ocultar,

y que tanto han dado miedo, las que siempre me sacan las patas del veneno.

Y he salido sucia, desgastada, nada ilesa, me han aplaudido

y mi ego ha crecido regodeándose de fortaleza.

Pero ¿qué tanto puede durar un ego en el segundo de un aplauso?

Lo siento, si decido volar y no parar, es porque la vida

desde arriba se ve jodidamente hermosa.

Si decido volar y no parar, cuidaré mis alas como a un tesoro

y no les recordaré que en el pasado las arrastré,

como si después de perder, mereciera ganar como una obligación del destino,

como si ir a mi propia guerra fuese un espectáculo,

y al salir, no me tocara otra opción que ser grande.

Como si escribir un sentir, te llevara a la lástima de las miradas tristes.

Si decido volar y no parar, seré feliz con el eco de aplausos sinceros.

Pero no me aplaudas, si no comprendes los sentidos.

Porque a la lástima se le hace todo, pero no se le aplaude.

Por: Mabeletras (Venezuela)

instagram.com/mabeletras


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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me gustó mucho, ni lastima, ni víctimismo, éste mundo come y vive mucho de eso, a mi me enseñó también la vida que eso es para los facilistas, que en realidad estamos hechos con alas que pueden volar lejos, lucho por no ser parte del patético juego del mundo en donde la lástima es unada herramienta para aparentar, para manipular, para la mediocridad de un ser que puede surgir siempre.

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