Apréndeme. Déjame enseñarte a leerme entre líneas. No me tomes al pie de la letra.
Si me enfado cuando me dices que sabes que te quiero, no es porque no te quiera, sino porque me revienta ser un libro abierto en un lenguaje que solo tú sabes leer.
Ya sé que no soy un renglón perfecto, que a medida que me escribes me voy torciendo sobre el papel. Que si yo pongo blanco, tú lees negro, pero que si te digo Roma en realidad quiero decir amor.



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