Los has visto alguna vez, no son ningún misterio. Se trata de esas personas que son un punto perdido en la historia del ser humano pues pretenden hacer de su problema, tú problema.
Desde el punto de vista de la evolución, no se sabe si catalogarlos como involucionados o revolucionados. El asunto es que saben cómo conseguir su objetivo. Son expertos en que sus dramas te atrapen; poniéndote en el punto de que cuando sueltan las riendas, tengas tú que cogerlas. Les soluciones el problema, ese que nada tiene que ver contigo.
Así por la cara, porque les apetece. Te meten en el lío y sin aviso, desaparecen dejándote con el culo al aire, pero tú sigues ahí, solo ante el peligro. Son tóxicos, por favor, ¡por las bragas de Rowena Ravenclaw, son ántrax de garrafón!
De todo saben, de nada entienden lo que vulgarmente se conoce como Dr. Liendre. Por supuesto debes hacerlo a su manera, pese a que ellos no lo hacen; te mandan. Genialidad personificada. ¿Pero cómo quitártelos de encima?
Borde, siendo borde.
¿Y por qué hay que ser borde?
Porque a los bordes no le suceden estas cosas, poseen un filtro magnífico para repeler las gilipolleces en el acto. Saben decir que no, dejan claro que no es no. Obsérvales, en los marrones que participan son aquellos que han querido estar. Nadie los busca para hacerles perder el tiempo, porque tienen claro que son dueños de su tiempo. Son auto-inmunes a la gente que no saben solucionarse sus problemas, a los blanditos que con una pataleta esperan que se les haga todo. Son eficiencia máxima, el repelente perfecto para no alterarse el chacra.
Ser borde está mal visto, efectivamente, pero los bordes son más felices. Ser borde es ser alfa-selectivo, es un estilo de vida incompatible con las cachorreñas* de los comodones. Ser borde es una solución óptima para ahorrarse comederos de cabeza, dramas y comedias.
¿Y si no me sale ser borde?
No cunda el pánico, no todo el mundo sirve para ser borde (gracias a quién sea hay de todo en este mundo), al igual que el ántrax no se erradica de buenas a primeras, pero quizás, puedes aprender. Una buena fórmula para espantar a los seres tóxicos (porque de humanos tienen poco) es soltarles, en mitad de su monólogo:
—¿Y qué le hacemos? —Encogerse de hombros.
Ni la gramática ni la semántica más exigentes pueden decir que en esa frase, ha habido grosería alguna. Es una declaración de intenciones, que deja claro que SU problema no se lo vas a resolver tú. Para empezar, no está nada mal.
*Cachorreñas: Término empleado en algunas zonas de andalucía para referirse a aquellos sujetos «que no tienen sangre en las venas», » o les pesa el trasero»
*Imagen de We heart it.



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