Que valiente eres vida,
que ni con escudo y espada sabes no hacernos tropezar.
Eres injusta, por presentarnos ante torreones
que son más grandes que nuestras pupilas cuando se excitan
y más grandes que las lágrimas de una madre al ver su hijo nacer.
Eres tierra ceniza, más que cualquier bosque quemado,
más que cualquier mente cansada de injusticias políticas
y más lanzada que cualquier revolución que tiene el propósito de
llenar el mundo de cambiantes.
Eres la lujuria y la felicidad mezclada en un salero,
que a pocas horas se cae y trae mala suerte.
Eres el gran vacío de una persona sin casa,
las heridas en las rodillas de un niño aprendiendo a patinar
y la espera en una sala para recibir diagnóstico.
Sí, eres complicada y dura,
pero qué bonito es cuando, aún con paciencia,
hay héroes que saben llevarte.



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