Porroflauta

Una mano al otro lado de la sala de estudio se mueve lentamente dentro de mi campo de visión. He vuelto a quedarme en las nubes durante a saber cuánto tiempo. Sacudo la cabeza y vuelvo en mi. Es hora de una pausa. Dejo mis apuntes tal cual están, salgo de la sala y bajo las escaleras de la biblioteca. Al llegar a la planta baja me pregunto dónde estará el baño. Justo entonces alguien verbaliza mi pregunta.

– ¿Perdona, sabes si aquí hay baño?
– Eso exactamente estaba buscando. Debería estar por… allí.

Ambos avistamos las dos puertas al final del gran hall del edificio y comenzamos a andar en esa dirección.

Es un chaval de mi edad. Viste una camiseta demasiado grande, tiene ojeras muy marcadas y, aunque suene a tópico, os juro que lleva una flauta en una mano y un pequeño cuaderno en la otra. No huele especialmente bien, todo sea dicho, pero mis pintas después de 6 horas de biblioteca tampoco deben ser las mejores. Mientras atravesamos el hall me cuenta su vida.

– Me acaba de pasar algo muy curioso. Estaba por ahí atrás tranquilamente fumándome un porro cuando ha venido un tío y me ha hecho un dibujo por darle un par de caladas. Te lo voy a enseñar.

Abre su cuaderno al azar y alcanzo a ver manchas aleatorias de colores pintadas con ceras y alguna que otra sucesión de palabras escritas a lápiz. El chaval sigue pasando hojas hasta que encuentra la que busca.

– Aquí. Mira qué pasada.
– Hala. Pues sí que dibujaba bien.

La verdad es que el dibujo es bastante impresionante. Es él mismo sentado en el suelo riéndose con cara despreocupada, la flauta en el suelo y el porro aún en la mano.

Ambos baños se liberan y entramos cada uno en uno. A la salida volvemos a encontrarnos y nos toca hacer el mismo camino de vuelta, él hasta la puerta de salida y yo hasta las escaleras que me llevan de nuevo a la sala de estudio. Hacemos el camino juntos en silencio. Cuando nos acercamos a la bifurcación le digo:

– Bueno, disfruta de la tarde por mi, que me toca seguir estudiando.
– Uf, qué mal. Yo voy a seguir fumando.

Los dos sonreímos y nos decimos adiós. Subo las escaleras y me siento en mi silla. Me sorprendo a mí misma pensando en que ha sido el momento más relajante de todo el día y sonrío de nuevo. Posiblemente si hubiese visto a este chico en la calle, con su porro y su flauta, le habría esquivado. Posiblemente si él me hubiese visto habría ignorado mi existencia. Y sin embargo, nos hemos cruzado y me ha enseñado un dibujo. Me está pareciendo bonito el hecho de que dos personas que en este momento están haciendo dos cosas casi opuestas, entendiendo fumarse un porro como acción casi opuesta de estudiar, hayan compartido ese momento.

De nuevo, una mano al otro lado de la sala de estudio se mueve lentamente dentro de mi campo de visión. He vuelto a quedarme en las nubes durante a saber cuánto tiempo. Sacudo la cabeza y vuelvo en mí. Dejo de pensar en porros y flautas y retorno la vista a mis cuadernos llenos de fórmulas.

 

Por: Creactive (España)

miultimabala.wordpress.com


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