La letanía inerte de tus versos sobre mis labios se mimetiza con las endebles palabras sin métrica que recita mi boca.
Maldita sea nuestra poesía porque nunca será prosa. No existe alquimia ni magia suficientemente poderosa para deshacer el perfecto antagonismo que las separa y transmutar nuestro poema en una cantinela adormecedora.
Yacen tus rimas moribundas en mis agónicas estrofas heridas de muerte por un proseísmo pecaminoso, desmontando mis argumentos (i)lógicos con las salvajes acometidas de tu dialéctica aplastante.



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