Retornar a un punto muerto
donde la mente prima,
donde el trabajo cotidiano
te absorbe como un tornado,
alargando las horas como elásticos.
En esos momentos
se olvidan los besos,
las caricias,
las miradas
que alimentan nuestra alma.
Se descuida lo cercano
para entrar en el cibermundo
de ilusiones efímeras
y de riquezas vacías.
Mantener las brasas de un fuego
casi extinto,
requiere de la presencia de
todos los sentidos.
Se cambia la intimidad
por un paseo por instagram,
se pospone una conversación
por una publicación en internet.
Se ahoga un encuentro entre las sábanas
por contestar un whatsapp…
Y así, como zombies
mermamos lo que más amamos.
Y nuestro corazón nos grita
que nos estamos equivocando.
Lazos espirituales se destrozan
por adicciones mentales,
el amor tecnológico desbanca
las auténticas realidades.
Nos refugiamos en las redes virtuales
para no mirar dentro.
Si antes nos costaba hablarnos
y mirarnos para comprendernos,
ahora el abismo de la ficción
amplía esa grieta
que se hace inabarcable.
No voy hablarte por el móvil,
No voy a escribirte por facebook…
Esta tarde quedamos en el centro
y bajo el sol
de una tibia tarde de invierno,
agarraré tu mano
disfrutaré tus besos,
sintiendo de verdad tu cuerpo
y todo tu ser.
Pondré los pies en la tierra
para volar
sin olvidarme de ella.


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