Ahora de qué nos sirve
este apego a una luz
que oscurece sin irse,
encarcela este alud.
Despierta en mí el saber,
un puñal al costado
que hoy no cree en ayer.
No, ya aléjate más
quiero pensar en alma
y sentir la unidad
a ciegas, mar de calma.
Si subo a la pirámide,
un puñal al costado
lleva el lazo de clámide.
En el descenso, hoy,
me olvidé de este cuerpo,
¿y el recuerdo? No.
yo ya sé vivir sin eso.
El océano es tuyo,
un puñal al costado
por el llanto de un luto.
En árboles ya remas
te pierdes en las cálidas.
¡Oh, crisálida en rejas!
eres tú: mi dulce ánima.



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