Autores Núria Dot (España)

Nunca has sido tú

Te encargaste de convertir nuestros besos en pasado.

Lograste que la magia se perdiera entre mis miedos, demasiado ocupados en buscar tu próximo engaño.

Me veo a mi misma con las manos demasiado temblorosas para sujetar la realidad con las dos manos y mirarla fijamente, sin nada que perder.

Recuerdo tu voz segura y fuerte, la tranquilidad que desprendías y que impedía que viera más allá de tus suaves palabras.

El día en que descubrí tu facilidad para mentirme fue el día en que mi sonrisa cambió. Mis gestos se entorpecieron. Mi mente se nubló.

Cada uno de mis actos se volvió incoherente, caí en la más insensata de las locuras.

Me convertí en un monstruo lleno de ira y resentimiento; no quedaba ni pizca de bondad, ni de comprensión. Solamente era un cumulo de sentimientos negativos, que me manipulaban y me hacían actuar como un ser humano que había perdido todo rastro de humanidad.

Mis palabras eran como puñales afilados, se clavaban en tu espalda de hielo y salían disparados en mi dirección. Rechazabas cada uno de mis ataques con tu indiferencia, con tus sentimientos de hierro inexorable.

No sentías nada que no fuera algo parecido al egoísmo.

Y así, te mostraste como realmente eres. Ahora, por fin, te veo.

Doloroso. Un ser humano hecho para matar a base de mentiras, las más crueles de las palabras.

Indiferente. La más cruda de las realidades, un escudo de hielo te cubre cada pedazo de carne, ya forma parte de tu cuerpo fuerte y orgulloso de sí mismo; no eres más que tú y tú, y ese nosotros, que no hace tanto veneraba, se desvanece ante mis ojos, quizás es que nunca ha existido.

Narcisista. Eres incapaz de ver más allá de tu propia imagen; eres incapaz de entender una milésima de este sufrimiento que me cruza el pecho y me devora el alma. Incapaz de comprender que esta ansiedad me frustra por dentro, me llena de impotencia y me hace caer rendida a tus pies inmóviles.

Eres demasiado tú para recogerme, para sanar cada parte de este cuerpo herido, para intentar evitar que esta alma que se desangra ante tus ojos se acabe desvaneciendo, cansada de seguir.

Eres demasiado soberbio para entender que el fracaso me ha llenado las entrañas, que últimamente lloro lágrimas oxidadas, por culpa de la humedad que desprende este corazón que ya no conoce el calor.

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