Estaba pensando que en el mundo hay dos tipos de personas: las que tienen el corazón roto y las que aún lo tienen intacto. Pero no hablo de una ruptura superficial, sino de una profunda. Una de las que no se curan, con la que aprendes a vivir.
Qué le vamos a hacer. Llueve mucho y me he puesto melancólica, pero pensadlo. Cómo sería ahora vuestra vida si aquello no se hubiese roto. Quiénes seríais sin aquella serie de catastróficas desdichas. Qué os faltaría.
Quién os faltaría.
Cómo es quien os falta.
Dónde está quien os falta.
Que venga, ¿no?
Seguro que por dentro es de colores.
No sé si necesito que sea artista o que le enamore que ame el arte. No sé si quiero que esté perdido o que su camino me apasione más que el mío. No sé si quiero que aparezca de repente o que despierte poco a poco y con cuidado.
Pero quiero algo cierto y sin peros. De los que hacen que las ojeras no molesten. De los que entienden el idioma de la luna. De los que dicen sí y después ya buscarán el cómo. De los que te leen la cicatriz y la besan hasta curarla. De los que les gusta tener miedo, calmados pero ansiosos.
Y llegará. O no. No es lo verdaderamente importante.
En realidad solo nos hace falta un tequierola de vez en cuando.



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