Me cubro de gloria en las noches agazapadas,
cuando tu mirada se apaga
y retira el yugo de mi cuello;
deja de ser tirana en tanto que me alejo,
mas cuanto más ando
más se levanta el viento
y con él pierdo el aliento,
caigo sobre lo que parecía cielo una y otra vez
mientras tu sonrisa vuelve a perforar mi pecho.
Vuelvo.
Esta vez soy yo misma la que se aferra al hierro,
sale el sol,
me convierto en un animal sediento,
y espero que,
esta vez,
la noche que venga me ayude a aventurarme más lejos.



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