Te tumbabas a mi lado
cubriéndome del miedo con tus manos.
A veces era mucho,
otras,
suficiente.
Pero éramos.
Porque no hacía falta nada más
que una habitación y un cenicero
donde vomitar sexo y amor en pañales.
Amortajábamos la oscuridad
pensando que así,
tan juntos
podríamos reírnos de ella.
Éramos ingenuos.
Pero éramos.



Replica a Aljana Cancelar la respuesta