La ciudad de piedra lentamente despierta,
tímidos murmullos aparecen y marchan
sin dejar molestia,
la vida se emprende
alrededor de un templo centenario
que marca el tiempo sin prisa,
las calles estrechas y empinadas
señalan nuestra montaña,
que parece domada
pero se intuye rebelde,
el caminar seguro de la gente que duda
y dubitativo de la gente segura,
la ciudad de piedra siente.
La ciudad de piedra lentamente despierta,
el olor de sus cantos húmedos
sugieren respuestas,
la mañana fresca abriga el alma que anda sola
y oxigena la que pasea,
los niños soñando corren a la escuela
por pasajes empedrados,
y mientras,
algunas ilusiones se desvanecen,
como gotas de amanecer
en los cristales de las ventanas
de quienes desean otra realidad
pero se agarran con fuerza
a lo que el destino les regaló,
la ciudad de piedra ama.
La ciudad de piedra lentamente despierta,
su mar encantado se halla en el inventario
de lugares propicios
para besar labios propicios de ser besados
y que ahora navegan,
la brisa entra cuando las ventanas están abiertas
y respetuosa espera a que tú las abras,
las olas esculpen la costa
otorgando bellas formas
y perfuman los cultivos
de tierras agradecidas
a manos llenas de fatiga,
la ciudad de piedra quiere.
La ciudad de piedra lentamente despierta,
un barranco húmedo divide quimeras
que gatean sin rumbo,
un cementerio espera nuestra dulce triste llegada,
las cosas que pasan pero no ocurren,
la vida que sigue pero no transcurre,
la ciudad de piedra lentamente despierta,
y tú,
que no naciste en esta ciudad,
has hecho que mi corazón de piedra
se quiebre
y lentamente despierte,
para sentirte, amarte y quererte.



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