Escritores de Letras & Poesía Mabeletras (Venezuela) Reflexiones

Mi bandera al revés

Un día mi bandera ya no estará al revés.

Un día veré el cielo amanecer más claro que nunca.

Un día.

Un día ya no me dolerá más, ya no más.

Respirar y no entender esa sensación de querer volver a tener lo que, a mis escasos años, apenas recuerdo.

Un país en libertad. Un país normal.

Sí, un día mi futuro volverá a ser como la sombra de mis recuerdos.

Un día caminaré con la certeza de que no estoy aplastando los huesos de a quienes sin piedad les arrebataron su aliento por, simplemente, poder.

Un día donde no sea injusto tener fe, esperanza, ímpetu y valor porque si bien no alimentan los estómagos de quienes no tienen nada, ni sanan los cuerpos de quienes ven venir a la muerte, bien sé yo que alivia el alma creer que sí, creer que un día, creer.

Un día donde se entienda que mi gente no es más especial ni más valiente que cualquiera en el mundo, pero es mi gente. Que mi pedazo de tierra no es perfecta, pero es mía.

Un día donde no me duela no tener corazón para abrazar al que piense diferente y sea indiferente a mi dolor, porque hoy la derecha y la izquierda solo son caminos que aunque separados, aprietan el cuello más que nunca. Pero si no te duele el daño que 20 años le han hecho a mi suelo, que no me culpen por no poderte tender mi mano y llamarte hermano.

Un día me limpiaré todas las manías, incluso esa de acostumbrarme tanto al “no poder”, que no siento cuando el “sí puedo” está esperándome vestido de verdad. Me han cambiado la emoción por el miedo, la seguridad del triunfo por la ansiedad del derrotado.

Me han quitado demasiado, pero todavía sigo bien aferrada la dignidad.

Un día podremos, mi Venezuela.

Si pudiera rodearte, tierra mía, lo haría. Daría mis pasos para abrazarte desde La goajira hasta la desembocadura del Orinoco, dándole la espalda al mundo para ser tu escudo, ser tu calma, ser tus ganas de volver a empezar, diciéndote en voz baja que ya casi, que ya casi lo logramos.

Un día ya no veré a lo lejos cómo las garras ambiciosas te consumen, cómo desgastan tu nombre a su conveniencia, ya no veré cómo te silencian las estrellas que quieren esconderte en la bandera.

Un día donde solo pueda sonreír al escuchar el nombre de mi cuna tricolor.

Un día donde con honores, limpiemos esa sangre que se derrama sin piedad y con complicidad, pero que está más vibrante que nunca a nuestros pies. Solo puedo pedir que se seque este mar de gotas que nacen día a día al pensarte, aunque ese es el azul al que me aferro para no caer. Que ese amarillo… que ese sol, mi sol, tu sol, no deje de brillar aunque este sea nuestro momento más oscuro.

Sí, el amarillo de último. Sí, porque hoy mi bandera está al revés.

Un día como hoy, que siento más cerca que nunca mis arenas al estar a kilómetros de lágrimas de distancia.

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