Margarita sentimental

—Suelo ir cinco pasos
por delante de la realidad
y seis por detrás de mí misma—.

Si me acerco a mí,
la realidad también lo hace
y si me alejo,
mi alterego irracional
con su vara de medir
me hace trizas.

Suelo vivir en modo piloto automático,
quemarme la lengua con el café
sin esperar a que enfríe
por el ansia de saborearlo.
—Así me pasa con las miradas—
Acostumbro a colarme en unos ojos

incluso antes de que me hayan invitado a pasar.

Podría llegar a haber plantado
un jardín de flores gigante,
en unas pupilas
que tuviesen una puerta rota
con el cartel de cerrado
y las espinas de los rosales
arañándome las palmas de la mano,
solo por imaginarme
una inocente margarita
colocada detrás de la oreja
adornándome el pelo.

Aunque al final acabase
por caer entre mis pies,
gritándome a viva voz que la recoja,
mientras es ella la que juguetea conmigo,
deshojando mis pétalos
a un me quiere,
no me quiere.

Suelo devanarme los sesos
en lo que dura un parpadeo,
levantar una ciudad
entre millones de cadáveres
sentimentales
en la que solo cabemos los dos,
mi mente idealista y mi corazón cobarde.

Suelo quemarme la lengua con el café,
las alas con el combustible

de mis viejas promesas por cumplir,
y el corazón con personas
que saben a nube y se van con el aire.

Rubén sampietro

 

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4 respuestas a «Margarita sentimental»

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