Hay disfraces que gozan de una transparencia tal que se hacen invisibles hasta para quien los lleva. Y es que suele ganarle el amor a los humores, aunque esto no signifique que los últimos mejoren.
Hay ventanas que presencian lluvias constantes, miradas perdidas, palabras vacías, tonos muy bajos. Hay errores que, aunque se lamenten, no buscan solución.
Y es que hay tantas ganas.
Procesos lentos y seguros, imperceptibles e incipientes. Tonos retadores que nacen de cualquier detalle y queda la creencia de que eso no importa tanto. Que cualquier otra cosa es más importante que conversar.
Hay un vacío que acaricia cabello y toca espalda, como si no se quisiera ir. Como si nunca fuera a hacerlo y me alerta de no dejarte ir.
Que todo mejora.
A veces sobran preguntas sin respuestas, pero también las ganas de intentar hacerlo mejor cada vez.
No hay reglas, no hay manuales, solo intenciones.
Intenciones que te ayudan a cruzar la calle, que te hacen sonreír o que se hacen las locas y te dejan llorar. Por falta o por discordancia, pero las hay.
Todo tiene sus dos lados y, en tamaño, crecen por igual.
Yo quiero hacerlo mejor, yo quiero un mundo bonito. Tardes buenas o malas pero a mi lado.
Yo me quiero a mí por siempre.



Deja un comentario