Escritores de Letras & Poesía Eva Zúñiga (España) Reflexiones

Discusiones

Todo cambió el día en el que el tiempo se hizo más estable que tú. Ya no había tiempo de jugar, de charlar y mucho menos de discutir. Créeme que lo comencé a echar de menos.

Cuando discutes por algo es porque realmente te importa aquello que tratas de defender y todo lo que le atañe, claro. De algún modo, discutir era la manera que tenía de recordarme a mí misma que no todo estaba perdido. Que seguías luchando, aunque con menos ganas y puede que con diferentes objetivos. Hasta que se acabó. Ni siquiera discusiones.

¿Qué quedó entonces?

El amor cogió billete en el primer avión destino desconocido, cualquiera era válido, mientras no fuera entre nosotros donde claramente sobraba. El cariño que me tenías se tornó en desprecio por todo lo que hacía y terminó convirtiéndose en indiferencia total. Éramos dos personitas encerradas en su burbuja circular dentro de una caja cuadrada. No encajábamos, no como al principio. Y me dejaste claro cuál fue tu objetivo desde el inicio. Me querías separar de ti, que yo misma me saliera de esa cajita cuadrada que era nuestra vida en común, para que pudieras decorarla a tu gusto. Pero, ¿sabes qué?, conmigo ese truco no te funcionó.

En un primer momento, cuando las cosas se comenzaron a torcer, traté de mantener viva la llama, esa de la que tanto hablan, pero tonta de mí, solo logré atenuarla en lugar de avivarla. Mis esfuerzos fueron estúpidos. Porque lo que yo edificaba por la mañana, lo destruías tú por la noche. “Menudo trabajo en equipo, eh”, para una vez que lo ponemos en práctica y lo mal que lo hacemos. Conforme iba avanzando el tiempo, las discusiones menguaron y con ellas creció tu indiferencia que me mataba. Y llegué a ese punto, sí, al que querías que llegara. Comencé a culparme de todo lo que nos sucedió. Traté de convencerme de que aquello donde yo veía amor, fue una jaula para ti. Y fue entonces cuando me di cuenta de que un te quiero al mes no mantiene vivo algo en lo que, al parecer, solo yo creía. Así que me armé de valor, cogí las riendas y corté ese hilo rojo del destino, aquel que pensé que me enlazaba a ti, pero que puede ser que atara yo misma. Como si yo tuviera la última palabra. Como si de una discusión se tratara.

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