Cuentos/Relatos Diego Valbuena (Colombia) Escritores de Letras & Poesía

Días de corbatas

En la Santafé de Bogotá, al día de hoy.

Doctor:

Llevaba días sin caminar, porque las enfermedades siempre apremian. Nada más liberarme de la más reciente y me arrojé a la calle. Esta ciudad tiene las cosas en exceso claras. Digo la ciudad y no sus habitantes. Nada más pasar el primero de enero y hemos vuelto a los días grises y las lloviznas recurrentes. Me hizo dudar ese clima pero me la jugué y salí con saco y libro en mano.

Todavía hay zonas de la ciudad que se sienten como un letargo del que es difícil deshacerse. Pocas caras con resabio de las festividades. Más al norte aparecen con esplendor las corbatas.

Me acordé de sus días de corbata. Su cara cansada, su tedio por lo que no era trabajo o vida laboral, su desahogo en los talleres. Si no lo hubieran salido, ¿se habría quedado, Doctor? Hay que aceptar que dentro de todo usted era una corbata plus, pues a diferencia del grueso de esa población (que no es poca) usted no usaba corbata y no necesitaba llevar porta. Y en este punto me acuerdo del poeta Medrano.

Cuando trabajé para el Fondo esos fueron tiempos complejos. Usted bien sabe que vivía con lo del bus y con lo del pan. Varios de esos días de aquel infame pero necesario trabajo tuve que llevar porta. Todo esto lo recordé porque estoy sentado en una plazoleta de comidas y en medio de las corbatas “pudientes” veo a una de esas parejitas (¿se vio usted en esas? No creo) comiendo juntos, acompañándose y compartiendo del contenido del porta. Definitivamente no podría ser yo el de esa situación porque estar justo ahí sería reconocer que después de todo hice algo mal y su evidencia sería dicha situación. Y le confieso, Doctor, que me da miedo caer ahí por las palabras del poeta.

Medrano publicó en la revista Alfajor de letras un poema como los suyos: directo, descarnado, sin piedad. Y justo recordé esos versos que le dedica, si cabe la expresión, al porta:

Mírelos ahí, con su orgullo de plástico
con el orden de la neurosis
con los puestos de un facho sin poder
y poco a poco
extendiendo la agonía del descanso simulado
granitos de arroz apelmazado
uno, dos, mil
porque no pueden ser más, no por decisión
sino por pobreza del alma.

El poeta Medrano desahogándose en una revista de literatura y postres. ¡Cuánta ironía! Es este el poeta que me fascina pero es el mismo al que le temo cuando, en nuestras charlas matutinas de pola y ocio, salen temas sensibles para el ojo del Poeta. La vez que le conté de mi porta apenas me dijo eso no se hace y cambiamos de tema.

Doctor, yo nunca he sido ni seré un corbata. Los días del Fondo fue lo más cerca o lo más parecido, aun cuando trabajaba con una camiseta blanca casi beige. Creo yo que usted comprende mejor al Poeta Medrano y creo, sin equivocarme, que usted le hace falta, precisamente porque provienen de un mundo siamés.

A su regreso, de suceder, visite al Poeta. Le quedará agradecido.

Sin más palabras por ahora.

El Maestro.

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