Tú,
que sabes de mis miedos y mis fobias,
decides quedarte,
y regalarme una de esas sonrisas
que luchan contra mis monstruos
y convierten mis temores
en mejillas sonrojadas.
Tú,
que no entiendes mis artes
pero te sabes de memoria mis partes
y todos sus componentes,
que estudias el mapa de mis lunares
y te olvidas de que existe el mundo
cuando, con cara de niña buena
te pido un abrazo, de esos tuyos,
eternos,
aunque duren segundos.
Tú,
que sabes de amor, y decides amarme,
que sabes de palabras pero me regalas silencios
cargados de mensajes
que sólo yo podría descifrar.
Tú,
que consientes mis antojos y criticas mis manías,
pero que deseas encontrarte con ellas cada mañana.
Tú,
que ansías escaparte,
pero sólo conmigo.
Eres tú la razón de este poema,
y de tantos otros,
que ya ni siquiera existen palabras
que se atrevan a describirte,
pues saben que no alcanzan a detallar
todas y cada una de las cosas
que te hacen
perfecta
para mí.



Deja un comentario