Cuento Diego Valbuena (Colombia)

El paraíso del poeta

Nos encontramos en el Avenida Chile y me dijo que, como siempre, el lanzamiento era en el Colegio de Poetas con Dinero. Le dije que ahí no todos tenían poder adquisitivo, solamente el dueño del lugar y otro más. Es poesía por ósmosis, me dijo el Poeta mientras le decíamos al vigilante que veníamos al evento. A esta hora el lugar es más un cementerio que un espacio de conocimiento. Mucho pino y mucho árbol frondoso que no deja ver la luna llena que nos intenta perseguir. Entramos a la biblioteca, el sacrosanto palacete de las letras, y nos sentamos en la última fila para tener a la mano el vino cuando lo vayan a repartir. Llegamos justo antes de iniciar el evento y al recinto no le cabe una persona más. Muchas caras conocidas. El poeta Sarmiento, el poetazo del Sur, el lírico realsuciedad, la poeta peliteñida, y La Vaca Sagrada. Le pregunté al Poeta que quién era el que parecía peinado con gomina y me dijo que era de él el libro que se lanzaba. Es el poeta Manosalva. ¿Es conocido? Sí, pero no por ser poeta. ¿Entonces? Cuando repartan el vino le cuento.

De entrada, Sarmiento se echó unas décimas trasnochadas y La Vaca Sagrada refunfuñó. Luego leyó el perfil del poeta Manosalva, prácticamente igual al perfil de todos los que estaban ahí sentados en esa mesa que parece de buffet. Quince libros publicados, doce premios menores, un premio distrital, uno universitario, uno extranjero. Al parecer a Manosalva lo han leído en suajili y en esperanto. Le pregunto al Poeta si ha visto libros en esperanto y me manda a callar. Sigue el lírico realsuciedad que empieza a destacar la visceralidad, la hiperrealidad, la cotidianidad, la urbanidad de los poemas de Manosalva. Y no dice más. La poeta peliteñida habla de su primer acercamiento a Manosalva pero no deja en claro si fue de letras o de cuerpos. La Vaca Sagrada le mira el culo a la peliteñida y sonríe. Todos aplauden. El poeta Manosalva agradece a todos los de la mesa, le pica el ojo a la peliteñida pero parece que es a La Vaca Sagrada. Es un gesto ambiguo. Resulta ser que el lanzamiento es una antología de sus grandes éxitos de los últimos cinco libros. Por ese libro le dieron el premio del Ministerio de Cultura. ¿No es eso un atraco a poesía alzada?, le pregunto al Poeta y me dice que ese premio se lo dan a los poetas que necesitan cuota inicial para el apartamento. Pero ese tal Manosalva no tiene más de cincuenta. Mientras nos va leyendo algunos de sus poemas veo que el poeta agasajado sonríe y hace gestos y gestos en la mesa y hasta se enreda en el poema que dice que la tierra acuna tu humedad. No alcanzo a ver quién está en la primera fila. Es la Novata Elegida, me dice el Poeta. ¿Otra? En cada evento eligen a una novata para ungirla por el halo del Colegio de Poetas con Dinero. Al final del poema la novata se pone de pie y aplaude como si tuviera el sudario del Turín al frente. Es una gordita crespa un tanto exagerada de movimientos. Se sienta y algunos susurran cosas. Después de cincuenta y cinco minutos de poesía lasciva, concupiscente y salaz todos aplauden y abren de nuevo las puertas detrás de nosotros. Empujo al Poeta para que vayamos por la primera de vino.

Ahora sí cuénteme quién es ese Manosalva que parece que escribe con la punta de la verga. El Poeta se toma su copa de vino blanco sin respirar, agarra otra y me lleva hacia un rincón mientras los demás salen y se abrazan y posan para la foto y se peinan. La Vaca Sagrada sigue adentro. Se necesitan seis personas para moverlo. Présteme atención y no vaya a mirar a la gente que le voy a señalar. Pasa el mesero y cojo dos copas más. Resulta que Manosalva antes que poeta era ingeniero catastral. Después de diez años ejerciendo lo echaron de una empresa importante y nadie supo por qué. Al poco tiempo de eso se encontró con Sarmiento y los Invertebrados y se puso a escribir poesía. ¿De un día para otro? Tal cual. Washington de la Pradera ya tenía en su haber tres premios y la venia de la Vaca. Entonces Manosalva le dijo a Washington que quería hacer parte del club de los Poetas del Colegio. Pero el tipo siempre ha sido un tronco escribiendo poesía. No sabe qué es un oxímoron y si se lo encuentra lo patea. El caso es que Sarmiento tenía un taller de poesía para iniciados y le dijo a Manosalva que lo diera, con eso mientras enseñaba aprendía a escribir. ¿Dónde era ese taller? Era en una casa de la cultura de no sé qué barrio. El caso fue que Manosalva siempre llegaba enguayabado y sin preparar mayor cosa y lo que hacía en ese taller era hablar de sus poemas y de su experiencia como escritor y luego le decía a los asistentes que escribieran un poema a la noche, uno al suelo, uno a la mierda y uno a la verga. ¿A la verga? Tal cual. Y me cuentan, yo no sé, mientras leían los de las vergas, se ponía a echarle ojo a las poeticas recién paridas por Pizarnik a ver a cuál le caía. Pero eso es normal, ¿no? Eso ya se volvió parte del ritual de bautizo para las peladas que quieren ser poetas, pero Manosalva no sabe de límites. En el último taller que dio le cayó a una de esas poetas que tenían ya unos cuantos poemas publicados en revistas y en fanzines y creo que hasta en una antología. Y Manosalva le empezó a caer diciéndole que le podía ayudar a hacerla mejor poeta. Pero la pelada no le paró bolas. ¿Y, entonces? Pues el tipo empezó a llamarla borracho a decirle que estaba muy buena y que tenía mejores piernas que poemas. Qué pirobo ese man. Pero eso no es todo. En el taller empezó a decirle que cada poema que creaba era un mojón pestilente y que si seguía así debería dedicarse a la enseñanza antes que a la escritura. Y no sabemos cómo, Manosalva empezó a mandarle fotovergas y mensajes diciéndole que ahí tenía su poema para que se le lo insertara por el culo. ¿Usted cómo sabe todo esto, Poeta? Deje y termino de contarle. La pelada se mamó de Manosalva y fue a donde Sarmiento y le dijo que esa escoria de poeta era un maniflojo y un acosador enclosetado y que si no iba a hacer nada que lo iba a denunciar. Pues a Sarmiento le tocó sacar a Manosalva de ese taller porque resulta que había otras dos peladas que estaban en las mismas con el tipo y que antes que aprender de poesía sabían de las verrugas que tenía en el chimbo. Ahora ese taller lo da la poeta peliteñida y ella le va diciendo a la gente que se inscribe que es el mejor taller con la mejor reputación de los últimos veinte años. ¡Puro lavado de imagen! Oiga, Poeta, ¿y Manosalva? Ese tipo está de gestor cultural en una junta de acción local. Ah, lo premiaron por manilargo. Precisamente, ahora al tipo lo conocen como el poeta Maniflojo. Y bien flojo sí es. Por fin lograron sacar a la Vaca Sagrada en una especie de grúa y mientras que lo arrastran lo detienen para tomarse fotos con él. La crespita se saca como veinte fotos con él en diferentes poses, se cambia dos veces de peinado y se quita y se pone el saco de traje que tiene. El poeta Sarmiento se da cuenta de nuestra presencia y el Poeta me dice que mejor nos larguemos que ahí tiene pelea cazada con ese pedófilo. En serio, Poeta, ¿usted cómo se entera de vainas? Camine y le cuento mientras que nos tomamos una pola en el chuzo junto a Unilago. Ese roto aguanta resto, ponen muy buena música. Oiga, Poeta, ¿como es que se llama el poemario de Maniflojo? Este men. Se llama El paraíso del poeta.

Ahora lo entiendo todo.

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