Los cinco sentidos del confinamiento

Este erotismo comienza a convertirse en obsesión;
está bien que hayamos alcanzado este punto
pero en mi mente solo estás vos.

Eso es bueno porque en ella
antes habitaba mucho ruido;
lo ha difuminado de un golpe
tu voz jadeante y tu cuerpo diluido.

Esta situación ha obligado al ser humano a desarrollar el sentido de la vista
porque hasta para trabajar
las pantallas son protagonistas.

Entonces, me vuelvo loca porque solo me queda aceptarlo
y, para adaptarme, verte a través de ella.
Entonces, me vuelvo loca porque es la pescadilla que se muerde la cola:

No puedo tocarte la piel
por lo que me resigno a un ordenador
pero cuando este me muestra tu imagen
mi versión pantera ansía tu olor.

Ahí es cuando recurro a mi mente
para anclarme en el sentido auditivo;
que yo siempre fui de aprendizaje kinestésico y, ahora,
tengo algo de músico…

dulce castigo.

Olvídate del blanco y negro:
¡Quiero invocar mi nombre a lo largo de todo tu cuerpo!,
besarte con todos mis labios
y decirte lo mucho que te quiero.

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