Callada, ciega y en tinieblas. En la sombra se resguarda soñando con la luz del sol. Recordando aquellos tiempos en los que la bañaba, atravesando su caparazón. Duerme ahora la semilla, al abrigo de la tierra en que cayó. Una tierra en que se ahoga, que la cubre, áspera, y la rompe, con el dolor que provoca la muerte al romper el sueño de lo que creía que era lo mejor. Ya no hay luz. Ya no hay vida. Solo miedo. Solo dolor. No conoce la semilla que en la espera se transforma y crece. Que el agua le da vida y que el viento la mece. Y afuera todos esperando que sus raíces se hagan fuertes para poder sostener el peso de aquello más grande en que su vida se convierte. Muere débil la semilla sabiendo que su dolor queda en nada al compararlo con la alegría de algún día volver a ver el sol.



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