Cuento Paul Martin (España)

El corazón patata de Diego Batuta

Prefiero desdibujarme ahora a tener que construirme en escultura luego. Demasiada pereza me dan los girasoles en invierno como para vestirme y no veo ya el sol con ganas de levantar hoy. Ha pasado el otoño con sus estrecheces y ha dejado un rastro de colchones vacíos que ni te cuento lo que me va a costar llenar de nuevo.

Hoy no hay parte de guerra y yo esperando siempre con la radio puesta. Cincuenta años ya, y tres picos lo menos sin oír los morteros, tirando de estas manos artríticas de sarmiento que apenas si alcanzan a llevar las uvas de año nuevo a la boca sin temblores.

Pili me ha dicho que no me levantase esta mañana. Demasiado tarde. Ya estaba deshecho el suelo con los pies dos horas antes de que viniera ayer a hacer la cama y el trajín por el pasillo arriba y abajo… ¡Qué dolor de baldosas!

Me comí un caramelo. El jodido de Manuel me lo tiene prohibido, pero como soy el hermano mayor, ¡Al carajo el médico! Que me quiten lo bailao y si me cae un diente al suelo, para hacerle camino a la baldosa servirá.

Otros años eran los que mandaba, antes de mearme encima. Coronel, me decían; ¡a la orden! Y temblaban las cucarachas en las tuberías al oír los tacones de mis botas marchar. Ahora, si me descuido, se me pasean por el bigote.

No debería haber sido tan hijo de puta. A lo mejor ahora no me vería tan solo camino del infierno, pero probablemente le tendría más miedo. Yo creo que no me ha tragado aún porque no me quiere. Seguro que le doy yo más espanto.

Solo me ablando con la nietecilla cuando viene a verme. A ella no la asusto y se le llena la cara de fresa en los mofletes con el calor de la lumbre y me achucha y me abraza y yo me dejo hacer, sin que me vea nadie.

Quizá sea por eso por lo único que me sigo construyendo en escultura cada día desde esta arcilla ya llena de grietas y no me desdibujo por entero, por no perderla a ella, solamente. Y me quito las medallas y el uniforme gris y me visto de amarillo de payaso y río, con esos labios pintados de carmín que le hacen tanta gracia y le enchufo un chorro de agua con el girasol de mi solapa a la cara.

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