Cuento Diego Valbuena (Colombia)

RV

A los cinco años RV descubrió la poesía. Su padre le regaló de cumpleaños un pequeño librito que compilaba algunos poemas de Pizarnik y donde estaba, especialmente, En esta noche, en este mundo. A RV le encantaba escuchar las voces de sus padres leyendo, declamando, recitando, actuando cada uno de los poemas que contenía el librito. Estaba algo maltratado y con las hojas amarillentas, con marcas de dedos que podían ser de cualquiera de los dos. Eso le daba un mayor valor. RV llevaba el librito a clase y en los descansos leía en voz alta a sus compañeros. SG y LY le escuchaban casi en trance, mientras el cuerpecito de RV vibraba de éxtasis. RV no sabía que eso se le podía llamar así. Al entrar al último grado de la primaria, RV tenía escrito tres poemarios que su madre había impreso y publicado en digital. Era el orgullo de la familia y llevaban a RV a cocteles, a recitales, a reuniones en apartamentos lujosos en pisos muy altos y RV declamaba de memoria y todos los presentes admiraban la vehemencia y el ahínco poético. SG le pedía que le recitara sus mejores poemas al oído mientras estaban en el baño, mientras que LY lloraba en trance místico cuando veía caminar a RV por el patio de recreo comiendo su pastel gloria. RV empezó a entender.

En la secundaria las cosas cambiaron un poco. SG y LY se cambiaron de colegio y RV ahora debía encantar a personas que jamás había visto en su vida. Al principio a nadie le interesaba lo que RV empezaba a murmurar en clase o a la salida del colegio. Incluso varias veces fue empujado y dos veces golpeado por estar hablando con palabras que nadie entendía. Fue entonces que se conoció con NP. Estaba tres cursos delante de RV y cuando le escuchó algo adentro se le cerró o creyó que le quitaban el aire o quizás fue la gastritis que padecía hace un par de años. NP quería comprobar si era cierto que eran las palabras de RV las que le generaban dichas sensaciones. Esperó a terminar el año escolar para decirle que le acompañara a un lugar secreto donde podía dar rienda suelta a sus palabras. RV, sin meditarlo mucho, aceptó la invitación de NP y fue así que terminaron en una zona de la ciudad que RV jamás imaginó que pudiera existir: el sur.  Todo un paisaje tan diferente al que había conocido durante su infancia y primera adolescencia. Casas de muchos colores, mucho ladrillo, mucho polvo, prácticamente carente de toda vegetación. Era como un espejismo para RV pues tanto su padre como su otro padre le habían insistido en que nunca se asomara por esas lejanas tierras ya que allá nunca comprenderían sus palabras. Pero NP conocía antros donde la clientela estaba dispuesta a deslumbrarse con lo que llamaban el renacer de la poesía sucia. Es claro que RV no tenía ni idea del lugar donde estaba, pero su fascinación le anestesiaba el posible temor a sentirse en un laberinto sin fin. En el chuzo al que entraron NP era cliente recurrente y desde la barra le saludaron con efusividad. Le preguntaron por esa tachuela que llevaba a su lado y les aseguró a los que estaban presentes que lo que esa tarde iban a escuchar les iba a cambiar por completo sus vidas. NP le preguntó a RV si quería algo y con una timidez inusitada le pidió un comprimido rojo. NP sonrió con picardía y fue a la barra a conseguírselo.

RV se subió a la tarima y en el chuzo todos guardaron respetuoso silencio. El barman desde la barra hizo el anuncio de quienes leerían y presentó con gran emotividad a RV. Debió pedir dos comprimidos, pensó RV. Le sudaban las manos y sentía que había olvidado sus mejores poemas, así que comenzó declamando a Gómez Jattin y la audiencia estalló en júbilo. Luego lanzó dos poemas de Óscar Hahn y con eso tenía plena atención de todos los presentes. Ya con mucha mayor confianza y bajo los efectos del comprimido, RV comenzó a recitar sus poemas, uno tras otro, sin pausa, sin corte, como una canción infinita. Al cabo de media hora, con el cuerpo empapado en sudor y casi sin voz, se detuvo. En el chuzo había gente que lloraba, otros se arrodillaban y levantaban sus manos al techo del local. La mayoría aplaudían como deseando que se les despellejaran las manos. NP subió a la tarima y se llevó de la mano a RV.

Durante toda la secundaria RV estuvo de gira por todos los chuzos y antros del sur de la ciudad, recitando de miércoles a domingo, de la mano de NP y en compañía de muchos comprimidos rojos y violetas. Los padres y la madre de RV estaban algo preocupados por el rendimiento académico de su único vástago. De ser un niño aplicado y muy juicioso en la primaria, se convirtió en una especie de sombra de sí mismo, con bajo rendimiento, displicente, con actitudes taciturnas en las que ya no compartía la comida en la mesa sino que se encerraba en su cuarto para dejar la comida al lado de su cama y atragantarse de comprimidos violetas y azules. Prefería escribir sus poemas en la casa de NP. Ahora tenían una relación poliédrica con JQ, AZ, FD y WT.

RV estaba en su último año de la secundaria y llevaba algún tiempo sin escribir poemas. Pasársela tanto tiempo en casa de NP había hecho que cambiaran sus intereses y sus deseos. Ahora RV deseaba el amor exclusivo de NP, pero sobre todo deseaba su sexo. NP solo tenía ojos para AZ y FD y solamente tenía sexo con JQ. WT se sintió traicionado en su poligamia neoclásica y prefirió terminar su relación con todos. NP miraba a RV como su hermanito, como una tiernita sobrina genial que escribía con fervor y cada vez que RV le manifestó sus afectos, pero sobre todo sus profundos deseos eróticos, NP le decía que cuando saliera del colegio le daría todo lo que no había recibido hasta entonces. Y le daba comprimidos magenta.

NP le había organizado una gira final en los cuatro chuzos más grandes del sur de la ciudad, pero RV estaba en catatonia creativa. Había quemado, borrado, suprimido, dado de baja y desinstalado muchos de sus poemas que había creado en su infancia. Sentía que ese RV de la infancia era pueril, era una burla de lo que ahora era RV. Renegaba de Pizarnik y de Nicanor Parra y de toda esa poesía que ahora consideraba chatarra espacial. La tarde misma de la gran gira del sur, NP se llevó a RV a los extramuros del sector. Le quería mostrar que su poesía podía llevarle más allá de las fronteras que había conocido hasta ahora en sus escasos años de vida. Le dijo que su poesía era reveladora, era mística, era transformadora, era refrescante, era todo lo que la clientela de los chuzos del sur necesitaba para poder continuar con sus misérrimas vidas laborales y mecatrónicas. NP besó a RV y le pidió un poema.

Al salir del tercer chuzo de la gran gira del sur, RV se encontró por casualidad con SG en la entrada. Apenas le vio comprendió que ese poema que le había leído en el baño era apenas el inicio de lo que bien podía ser toda su nueva obra. SG se veía muy diferente. RV ya no era el mismo.

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