Apareces, y lo llenas todo de luz. Abres mi ventana, y la brisa fresca de la primavera inunda hasta el más oscuro rincón de mi habitación. Y de mi alma. Aún me pregunto cómo puede ser que sigas aquí, a mi lado, protegiéndome y cuidándome. Llamándome, a pesar de que los vaivenes de mi vida a veces me confundan, haciéndome creer que lo mejor está detrás, para que me dé la vuelta y deje de mirarte. Ten paciencia. Prometo que lo haré lo mejor que pueda. Pero, mientras descubro la manera de ordenar el caos que se extiende en mi mirada, cógeme la mano. No me sueltes. Porque mientras vaya de tu mano, la libertad no me dará miedo. Y seré luz, como tú eres luz para mi vida y para la de tantos que caminan a tu lado. Porque no hay mayor descanso para mi corazón que la alegría que me llena al escucharte y al verte, como cada día, aquí. A mi lado.



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