Motas de polvo

Escucho las canciones que me recomendaste y entro en el bucle que, supongo, querías crear en mí. Me hiciste guardar silencio mientras las melodías se adueñaban de todo mi ser y hacían lo que querían con mis entrañas. Ahora diferentes, ahora teñidas de colores.

Me dejaste con los ojos vendados frente a ti, diciéndome que confiara en que tu esencia nunca se iría, aunque yo no fuera capaz de verte. Que permanecerías junto a mí, a pesar de los huracanes que amenazaran con alejarte.

Y es que, por mucho que limpies el polvo sobre la estantería, en poco tiempo volverá a ocupar el lugar que le corresponde, por mucho que le mandes irse, por poco que le quieras allí.

Y llega el día en el que te acostumbras tanto a su presencia que no logras entender cómo no aparece. Es entonces cuando te topas con nuevas motas, ya no de polvo, ya son otra cosa; pero no sabes qué son, ni para qué han venido. Y te reconfortan. Escriben una nueva melodía y entras en otros bucles, que te hacen olvidar las estrofas de sus canciones y los bucles de su pelo.

87 visitas

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Búsqueda avanzada

Entradas relacionadas