Le concedo a mi cuerpo un espacio,
una mirada propia y un rostro.
Miro hacia abajo.
Los dedos tocan la cálida arena
y discuten con la suavidad de las olas.
Existir es tan sencillo como dejarse acariciar,
dejarse envolver en la temeridad de la vida,
rendirse con los años al tránsito de los hechos.
Le concedo a mi cuerpo un espacio.
Único, casi privilegiado.
Y él lo expande y se revela,
lucha por descubrir más allá,
extralimitarlo, sentirlo y despacio
me obliga a amarlo.
Vivir es una lucha continua
por sostener un cuerpo
en mitad de una playa perdida
en un mar de horas.



Replica a elcieloyelinfierno Cancelar la respuesta