El mañana

Algún día dejaré de descender a los infiernos,
dejaré de recitar en los bares,
y de necesitar cosas como los aplausos,
o como el reconocimiento,
o como creer que Dios me hizo incompleto
con la única tarea de encontrarte.

Algún día iré por la calle
sin fijarme en las miradas;
sin necesitar cosas como la atención fácil
a la que se prestan los desconocidos;
dejaré de buscarte en el metro
a través de los andenes,
y los recovecos de las vías subterráneas;
lejos de las prisiones pasajeras
a las que nos someten
el vaivén de las compuertas;
dejaré de buscarte a medianoche
en las líneas del ocaso,
y dejaré de necesitar cosas como los abrazos,
o como los besos,
para reconocer que me quieres.

Algún día dejaré de soñar con ser fuerte
y me golpearé en el pecho
para avivar las arterias
de mi alma entumecida;
y dejaré de necesitar cosas como la absenta,
o como los días,
con la única tarea de olvidarte.

Dejaré de necesitar cosas como la esperanza;
cosas como las oportunidades,
o como los deseos acuñados
que se acumulan en los posos de las aguas;
dejaré de necesitar cosas como las plegarias,
o como las sábanas amortajadas
en las que acaban cada uno de mis sueños;
dejaré de necesitar cosas como el vacío,
o como el silencio,
para reconocer que me faltas.

Algún día dejaré de descender a los infiernos;
dejaré el alcohol, la escritura
y la madrugada;
habrá un poema,
como una ventana,
al centro de mi corazón.

 

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4 respuestas a «El mañana»

    1. Muchísimas gracias por tu comentario, Marisa. Un saludo! 😉

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  1. De los que llegan de principio a fin. Enhorabuena.

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    1. Muchas gracias! Me alegra saber que te llegó! 🙂

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