Decadente

Entre serpientes que bailan, besan, muerden…
Entre gatos que caminan sobre pinturas impresionistas…
Entre masturbaciones kantianas
que exploran una estética trascendental
más allá de los sentidos…
Pensando en el Tantra,
dejo que mordisqueen el musgo que cubre mi cuerpo.

            No importan los dientes.

Casi siempre lo entrego para que sea pasto de los muertos.

            Nadie valora más mi olor a algas secas.

Así comulgan con mi cuerpo y semen:
me transforman con sus manos pútridas
en cáliz y patena.

Me sacralizan.

No lo saben.

Nadie sabe
las marejadas de mis océanos.

Nadie ve las lágrimas que corren por mi sangre…

Nadie escucha el atávico sonar de tambores en mis venas…

Ya no tengo máscaras.
Ya no tengo rostros.

No importan
zombies que ensucien,
nosferatus que desangren.

No importa que no sepan las palabras de paso.

Nada importa.

El musgo siempre vuelve a crecer.

Roberto Garcés Marrero
@rgmar84
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