La vida está dañada colateralmente,
¡adiós, Juan! Hoy ha amanecido nublado
y esta noche no dejará de llover.
Mañana habrá tormenta
y esta noche no escucharé a los grillos.
Vendrán días frescos que arranquen
lo marchito de los árboles en un viento
violento que forme caminos de hojas,
mas estaré antes en casa,
¿arderá igual la luz del sol?
La nieve del cielo ensombrece
a las montañas que, de por sí, son oscuras.
El silencio de mis pasos: voz de mármol.
El yerto otoño: la supervivencia de las hormigas
(que se libra en este mi corazón);
¡son las miradas furtivas!
Aquellos sueños de ceniza,
lo que resulta de toda lucha
de la memoria contra el presente.
¿Qué quedó del firmamento azul?
Demasiado colorante.
¿Y qué de los negros árboles?
Olor a amoniaco.
Están turbios los cielos que entre gris y malva
nos burlan y nos intrigan,
y mientras tanto la ciudad se disuelve entre burbujas
como una couldina en un vaso de cristal,
y sobre el gas flamean los edificios
con sus rabiosas nubes tras las que
el horizonte cede espeso y revuelto,
semejante a una crema pastelera
a la que nunca llega el cuchillo
al cortar la tarta que es la vida.
¿Es sondear entonces la vida
evitar a toda costa la muerte
aunque el costo sea la vida?
Cuando dibujo con la mirada
a los pájaros,
los pinto de color rojo.
Es este mi ser quebradiza.

Miriam González
@mer_adonai
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