Caminando bajo un chamizo,
el mar rizado,
de granate visten las playas de Asturias
decorando una postal
a la luz del Alba.
El amor, soñado amor,
aterido viento, embelesado,
versos cristalinos
dibujados sobre tu piel dormida.
Éramos
asnal de sol y bronce,
eclipse de tu mirada,
orbe en la mía.
Éramos lubre quebrada
en una noche
en la que fuego y vela
reverberaban en un solo cuerpo.
La pasión no emulsionaba,
aún no había amanecido,
tus anaranjados labios
acariciando el vuelo hacia Marte,
llévame contigo,
eso quiero, es lo que deseo,
ir a Marte para [A]-Marte
mecido entre tus alas.
Revelaba Agustín Córdoba
en «La vida quemada»,
«Cuando miro al cielo,
pienso en unos labios que no prometen nada,
pero me brindan el espacio».
No pretendo soslayar
el atávico capricho
de un sortilegio
solo conocido por los Dioses eternos.
Si confundido amara, no me arrepentería,
nadie podría arrebatarme
el amor irradiado y sentido,
sea o no, lo único o último,
que lleve conmigo a la fosa.

Jorge Insurrección
@jorge_insurreccion
Leer sus escritos

Deja un comentario