A mí los días se me tropiezan con las cuentas bancarias y con el email no respondido. Y con los espejos. Callo cuando se enciende el alumbrado público. No tengo otro lenguaje con qué comunicarme más que con el llanto y el grito y el quejido propio de los animales verletzt.
Me falta la vida como me falta el aire en mi habitación no ventilada, donde si se cuela el sol es por el rasguño involuntario en las cortinas de segunda. Me parece que las cosas están hechas del mismo material frío. Me parece que el universo hoy no tiene más que ofrecer que un escenario de cartón, húmedo, doblado y sucio por la lluvia.
Pero el universo no ofrece nada. Existe simplemente, sin metas ni ideales ni sueños ni cosa parecida a la angustia.
Cómo dividir una vida entre noches y días, y para qué esperar la venida de aquel sueño, en donde un dulce tiene la textura de una carne al sol y huele a la humedad de las axilas de un atleta.
Quiero volver al origen: al acontecimiento primigenio. Quiero ponerle un nombre y una descripción bibliográfica. Entiendo mis palabras como mi mano entiende su movimiento ágil que busca recuperar sin éxito el vaso que surca el aire. La mesa. El origen. El suelo. El vaso roto. El otro origen.
Las cosas rotas, como el vaso, no pueden volver a ser vaso. Son el espejo quebrado en el que se refleja mi espíritu quebrado. El segundo origen. Tres quiebres. Todo esto es simetría.
Cierro el libro que me trajo hasta la estación. La mujer que revende tiquetes tiene cada vez más pústulas en la cara. Espero el metro que sé que no voy a tomar porque no sé a dónde ir.
Como sociedad, hemos vivido en desiertos, enviado satélites al espacio y decodificado parte del genoma humano. Yo no he sido partícipe de nada de esto. Me pregunto por el robot que dice querer tener emociones; hoy no me dejarían entrar a la conferencia en donde se exhibe.
He cultivado flores y destapado regalos de navidad que no eran para mí. La vida no es como en las películas, me digo batiendo el libro con fuerza de mí para alejar a los fantasmas que me sobrevuelan.

Lina M. Betancourt
linabetancourt.com
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