I
—Es verdad, soy un poco aburrido y demasiado irreal.
El Coronel Zampar, Emiliano Zampar, lo dijo sin tijeras en su boca. Las tenía en sus manos. Esta es una historia clásica. Contada ya de maneras diversas. Con los mismos tipos de personajes, pero diferentes nombres. La misma trama, pero con diferentes secuencias. Los mismos resultados, pero con——. Emiliano Zampar jugaba una partida de ajedrez contra La Muerte. El tablero era casi traslúcido, o así lo describió el coronel, cuya retina aparentaba la misma invisibilidad de la cuadrícula. Sus fichas —por aquello de ser exacto al cliché— eran las blancas. Las de La Muerte, las negras. Recordó, mientras veía las manos esqueléticas del espectro ante sí, que gracias a este juego es que lo comenzaron a llamar “coronel”. Le gustaba mucho la pieza del caballo, pues le recordaba a su abuelo en una fotografía que no era de su abuelo (sino de un hombre a quien decidió llamarlo así, por no querer sentir la orfandad en sus propias venas faltas de árboles genealógicos).
—Tu turno.
Pensó haber escuchado. No podía saber si era en realidad lo que decía La Muerte. Supuso que sí. Que es esa la frase tan precisa que diría La Muerte cuando se enfrenta con una persona viva. Solo que, claro, se refería a otro turno y no al turno. Este último requería un jaque-mate.
—Lo digo y lo repito. Soy un poco aburrido y demasiado irreal. Creo que la partida ya está vencida.
Le gustaba hablar cuando sentía nervios. Un coronel siempre articula con precisión. Mastica las palabras con firmeza. Response sin titubeos. Él tenía que hacer lo mismo, por más que aquella piel blancuzca frente a sí, con aquellos huecos de nariz y ojos tan profundos, le respondiera con la sonrisa más amarillenta posible. Había un frío atípico para un clima tan tropical, como si las mismas sombras que rodeaban a aquel ser se hubieran trasfigurado en una nieve oscura.
Movió al caballo.
La Muerte movió a su reina.
El Coronel Emiliano Zampar dudó, pero lo hizo:
—Jaque.
Mató a la reina, puso en jaque al rey de La Muerte.
El rey oscuro se movió hacia un lado.
El Coronel Emiliano Zampar trasladó a su alfil. Ya tenía la movida perfecta en el próximo turno cuando lo vió…
—Jaque-mate.
El último caballo de la Muerte dio sus típicos tres pasos. Su rey quedó encerrado en su trono.
II
—Es verdad, soy un poco aburrido y demasiado irreal.
El Coronel Zampar, Emiliano Zampar, lo dijo sin tijeras en su boca. Las tenía en sus manos.
—Es mi turno.
Las tenía en sus manos porque ahí fue donde se hizo el tajo necesario para el último desangro.
—Lo digo y lo repito. Soy un poco aburrido y demasiado irreal. Creo que la partida ya está vencida.
Había un frío atípico para un clima tan tropical, como si las mismas sombras que rodeaban a aquel ser se hubieran trasfigurado en——.
—Jaque…
Mate, querido lector. Lo maté, sí. Ese es el poder de la escritura. Quedará en ti decidir si el Coronel era en realidad aquel personaje de la primera parte quien muere dado que perdió una partida contra la muerte. O si el Coronel era aquel personaje suicida de la segunda parte, personaje que alucina mientras las últimas ondas vitales le corren por su cuerpo. ¿Será que la segunda es consecuencia de la otra? ¿Será que la otra historia envuelve a la primera?
No hay forma de terminar esta partida…

Irving Saúl
irvingsaul.com
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