
Este relato con giro argumental fue creado en el marco de los retos internos del colectivo y fue elegido como el ganador por los demás miembros.
I
Querida Carmen,
He llegado a Madrid. No puedo creer que decidí hacerte caso. ¿Qué hora debe ser para ti en Puerto Rico? Acá es temprano, aunque se siente como si fuera un poco más tarde. Sé que te reirás, e incluso me dirás que nunca es tarde. Que lo tarde es una invención de los hombres. Y uso la palabra “hombre” a propósito, las mujeres no seríamos capaz de inventarnos un retraso tan perverso. A nosotras nos toca siempre inventarnos soluciones para el dolor. Escapar de Pedro, por ejemplo, hubiera sido más fácil si no hubiese estado embarazada hasta el día antes del vuelo. Cuando me tiró por las escaleras no lo supe. Fue después, en el baño, a solas.
Tenías razón, hermana, tal vez hubiera sido madre en Madrid.
Nunca he sido buena con las despedidas, y he tenido tantas en tan corto tiempo que lo único que resta ahora es decirte que te amo.
Por favor, escríbeme. Pronto me encontraré con Frances y te podré dar más noticias.
Con afecto, M.
II
Al terminar la carta suspiró. Decidió retocarse el lápiz labial un poco, pero, al mirarse con atención al espejo no pudo evitar no despegar su mirada del cuerpo al desnudo en su cama. Estaba feliz. No necesitaba retoque. Después de todo, los treinta cuchillazos le dieron todo el rojo que necesitaba ver aquella tarde. Se levantó de la silla y selló la carta con su boca.
Volvió a mirarse al espejo y entendió que esa sería la última vez que estarían juntos en la misma habitación.
Pedro no volvió a pensar en ella, solo en su cuñada, en Carmen, ya viudo y montado en el avión con el pasaje usurpado de su esposa:
―Ojalá y Carmen me escriba. Y si no, le volveré a escribir desde Madrid.

Irving Saúl
irvingsaul.com
Leer sus escritos


Deja un comentario