Otra vez, la piel caliente. Qué ganas de quedarme atrapado en el matrimonio nocturno, entre los velos enredados de tu cuerpo robusto que se apaga al caer el día sobre los ojos aún cerrados. Duermes de día, me acaricias de noche; vespertina, me atrapas en la inconsciencia hasta volver a ti. Te pienso, geografía mal tendida, despeinada en cada amanecer. Pego mi imaginación a tus curvas y me aplasto, me aplasto hasta no respirar más que la asfixia de mi cabeza sobre ti. Es que esta almohada que traes me despide y vuelve a mirar: qué puedo hacer, si no hay más que deseo de seguir a tu lado, solo yo. Corro al viento a despedirte, pero tu magia ya no es el sueño que causas en mí. Es ahora la hipnosis de permanecer, como una hoja seca sobre un vientre, como un río estancado en la lujuria de tus sábanas que me lleva a la muerte de este mundo sensible a tus pies, rendido, sobre un desierto plagado de estrellas y oniria.

Andrea Crigna
@ukis_crigna
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