Mr. John & The Case of The Red Dollhouse: La Mort dans la Rue 15

Mi nombre, aunque muchos prefieren llamarme Mr. John, no es John. Desde hace más de quince años descubrí la razón de por qué decidieron ponerme ese nombre. Fue una noche. Una gran noche. Había llegado cansado de haber logrado una ardua labor como detective (privado) del teniente François Guerin: había encontrado al último causahabiente de Poe Red. Lo entrevisté, sin que este se diera cuenta, y me contestó que no había superado la muerte de su amante a menos del “le petit conteur obsédé du rouge”. Su esposa tampoco, y por eso, ahora, dormía en la plaza cerca de la Rue 15. Se alimentaba de las sobras de pan que dejaban las palomas. Tomaba agua de la lluvia, o de la fuente (en donde también se bañaba para no aparentar ser un “vagabond nauséabond”). Llegué a mi apartamento ansioso con darle la noticia a Guerin. Me refiero con “llegué” a que, me encontraba frente al portón que debía abrir para enfrentarme a los quince escalones que darían al pasillo lleno de quince puertas, para luego caminar unos exactos quince pasos y abrir la puerta enumerada con el número quince. En fin, el teléfono de Guerin lo tenía anotado en mi libreta de bolsillo (las páginas estaban manchadas porque había llovido hace unos días). Tenerlo anotado no aseguraba la certeza, pues los últimos dos números me eran indescifrables. La tinta roja se había descorrido por todo el papel, pero eso no me detuvo… 

Marqué y marqué, y en el decimoquinto intento logré dar con Guerin:

Monsieur le policier Guerin…

—Mr. John, no tenemos que hablar en francés para entendernos. Total, tu acento es indescifrable. 

—Cierto, mis disculpas. Es la emoción del momento.

—¿Emoción? ¿Lo ha encontrado?

—Sí. He encontrado a Georges Borches.

—Mr. John, you are incredible!

—Señor Guerin, no es necesario que usemos el inglés tampoco. Su acento, para mí, también es indescifrable. 

Escuchar su risa ahogada a través del auricular me llenó de energía. Luego continué:

—Considera a Poe Red como un mero cuentista obsesionado con el rojo. Tal vez deba revisar la idea inicial que usted tenía, Guerin.

Le favorecía la información necesaria y con eso, colgué.  

Me acosté a dormir sin más. Soñé, en cambio, con Poe Red. Desde hace más de quince años se volvió en el asesino más interesante de los periódicos. En particular, porque nadie había logrado descifrar quién era. Su método era preciso: asesinaba y dejaba a sus víctimas en algún lugar público. Cada víctima, por alguna razón, vestían de rojo. Encerraba el rostro de cada una de sus víctimas en una “maison de poupée”. Los periódicos anglohablantes hicieron una pésima traducción de… bueno, ni siquiera una traducción en sí…hicieron una… una… Seré firme: fue un periódico estadounidense el que decidió hacer las muertes de las víctimas en una propaganda literaria (y en cierto modo patriótica) al transcribir “poupée” con Poe, y así llamarlo el asesino Poe Red. Fatal.

Fatal. ¡Fatal! Lo sé. ¡La literatura de Borges, por decir de algún autor, no hubiera permitido tal cosa a mitad de cuento!

En fin, así fue como también Guerin encontró a Georges Borches en la plaza. No fui, ni tan siquiera disimulado, y dejé allí un papel de los de mi famosa libreta de bolsillo. Escribí, incluso, mi verdadero nombre. Cuando Guerin llegó a investigar al cuerpo de Borches ni siquiera sospechó que fui yo. ¿Cómo saberlo si todos me conocían como John? Mientras esperaba por su llamada me imaginé el titular del próximo día: “La Mort dans la Rue 15”. Tal vez Guerin me llamaría para una entrevista para el periódico. Tal vez no. Lo importante es que a nadie en realidad le importaba encontrarme. En cierto modo, creo que yo necesitaba a Guerin tanto como Guerin me necesitaba a mí. 

Borches tenía razón, mis muertes tenían algo de cuentista. 

irving saúl escritor poeta

Irving Saúl
irvingsaul.com
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