El secreto es un acertijo
que trastabilla sobre sí mismo,
no le miente a quien no debe
y se asegura de discernir
lo inesperado de lo invariable.
La canción se pronuncia muda
cuando el dolor dictamina
cuántas heridas han de seguir ardiendo
por un sendero maltrecho
por el cual no hay que caminar
con la frecuencia a la que se acostumbra.
Brinda el tiempo un colmo de impaciencia
difícil de labrar hacia los costados,
teniendo por los extremos
un repulsivo agobio perturbador,
temiendo así que la perdición
se concrete bajo las introducciones
dibujadas por la incertidumbre misma.
¿Cuál es, entonces, el dilema?
Perderse en la vuelta atrás,
o no lograr concretar cuál es la dicha,
de la predilección por la libertad,
histórico resarcimiento inocuo,
que nos demuestra que una vez más
las de perder se echan por descarte
haciéndose valer entre los murmullos
pronunciados de ese secreto a voces.



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