Se acerca el silencio.
El silencio perenne,
el silencio insondable,
el eterno silencio
inexplicable.
Adentro mío nace el miedo,
el miedo mismo,
el miedo a mí mismo,
el miedo a mis adentros,
a la oscura sombra,
a la sombra oscura
del nombre silencioso.
La noche, el frío,
el frío de la noche,
el frío mío
y la certeza, única
y constante,
de estar solo.
Huyo de mí,
huyo conmigo,
huyo del hombre
en que me convertí
cuando la palabra,
limitada íntimamente,
se convierte en soga
y no esperanza.
La esperanza se pierde
y yo, ese yo que ya no existe,
se pierde entre palabras
que todo dicen,
que nada son
y nada dicen
de quien son en el momento.
Me escribe el silencio,
al silencio escribo
en la noche oscura,
en la tierra fría.
Y fría me consume la palabra
y no me salva,
ya no,
de la pérfida sonoridad
que trae consigo el silencio.
El silencio frío,
el silencio eterno.

Enrique Morte
@enrique.morte_poesia
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