Las mujeres que me criaron eran dueñas de sus cocinas
de los sacrificios
con todos sus silencios.
El aliento roto de alguna quizá quedó en el retrete,
que también era suyo
al igual que el baño,
sus cerámicas blancas,
que limpiaban con un cloro amarillento
que les despellejaba las manos.
Las mujeres que me criaron no tenían guantes.
Todos decían que sus pieles eran de cuero recio
porque eran las pieles
de las pieles
de las mismas mujeres
de hace siglos.
Se lamían el corazón entre ellas,
curando con saliva el orden que hacía la casa .
No recuerdo que me haya alimentado un microondas.
El pan siempre lo recibí caliente de una voz que decía:
la comida está servida
Ya en la mesa
todas sucumbían al silencio con una mueca alegre
para que yo no pensara que me estaban criando
puras mujeres muertas.

Johan Reyes
@johandosreyes
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