Arena tostada

La veo al entrar al café. La mesa está cubierta por un manto dorado de migas de pan tostado que contrastaban visiblemente con el resto de mesas, negras y lustrosas. Con sus dedos destrozaba otro mendrugo de pan, este era el tercero; la camarera me dijo que llevaba sentada ahí desde las 8 de la mañana cuando abrieron. Solo se levantaba para ir al baño o cuando sentía que pellizcaba sus propios dedos y se levantaba para pedir otro pan. El personal la conoce muy bien y le tiene el respeto que se le tiene a un espectro, con lo que nadie le denegaba la entrada, mucho menos se acercaban a la mesa hasta que llegaba la hora de cerrar.

No era fácil tratar a Rosa. Lo supe cuando llegó por primera vez a mi consulta. Su hermana la agarraba del brazo, entre la delicadeza y la firmeza del arrastrado. Rosa iba vestida de negro; recuerdo que me sorprendió el juego que hacía la tela con sus ojeras y el estremecimiento que sentí cuando choqué con su mirada hueca. Supe al instante que no habría venido voluntariamente: estaba claro que a esta mujer no le importaban las órdenes del juez ni nada en absoluto. Había agredido a una persona hasta enviarla al hospital. Era mi labor trabajar en el por qué y supe que no sería fácil.

Llevábamos dos meses trabajando y los avances eran lentos, pero sentía que al menos iba creciendo su confianza hacia mí; iba hablando poco a poco, como una niña pequeña que despierta de una pesadilla. Se negaba a hablar de lo que le había pasado, pero poco a poco me concedía algunas palabras, recuerdos de su infancia en Somalia y el viaje a Texas. Esquivaba el dolor como a balas ardientes; tan solo me pintaba memorias de viajes a playas de arena dorada, disfrutando el roce de las olas y el olor a sal que se estancaba en su piel.

Cuando pasaron dos semanas sin que viniera, supe que algo malo había pasado. Su hermana estaba enfrascada con el trabajo. Amaba a su hermana, pero estaba harta de tener que convencerla para hacer lo que estaba obligada a hacer. “Doctor, no quiero que la encierren, pero voy a tener que pedirle consulta yo también si sigo así”. La hermana me colgó la llamada esa mañana con un hilo de voz. Unos segundos más tarde, me pasó la dirección de este café, asegurándome que estaría aquí.

La sigo viendo, ella no ha levantado la vista del pan y las migas. Me siento frente a ella con una taza de café. Antes de apoyarla, ella hace un pequeño ruido con la garganta mientras señala una esquina de la mesa donde no hay migas. Le doy las gracias e intento hablarle, le expreso mi preocupación; no miento, sus ojos tienen de nuevo ese lustre a vacío que me impactó la primera vez. Esta vez hay algo distinto: dolor. Veo dolor en sus ojos negros y sigo sin saber por qué. No quiero reprenderla, pero empiezo a alzar un poco la voz. recordando la firmeza con que su hermana la arrastraba a mi despacho.

“Murieron aquí” me dijo. En mi confusión, saca de su bolso un artículo de periódico de hace dos semanas, con el titular “West Johnson encontrado inocente por el tribunal”. Había escuchado de ese caso, un desquiciado que había acabado con dos jóvenes africanos; sus abogados apelaron a un problema mental y le dejaron libre, quitándole tan solo el permiso de su arma y ordenándole a estar ingresado en una institución mental hasta que se estabilizara. “Cobb se desplomó sobre la mesa, estaba sentado donde usted. Tyler era tan delgado, tan pequeño, el impacto lo sacó del banco y lo arrojó al suelo como una ramita. Vinimos aquí a celebrar que Cobb había ganado un concurso de ortografía. Tomaríamos algo y nos iríamos a pasar el fin de semana en la playa, les encantaba la arena tanto como a mí. Ni se pudieron comer el sundae”.

Después de decirme esto, calla. No me veo capaz de decir nada, tampoco sé si seré capaz de pedirle que retome la terapia; me quedo en blanco. Bajo la cabeza con un creciente cóctel que emociona haciendo presión en mi pecho y me choco otra vez con el mar de migas de pan, doradas y brillantes bajo el sol, como un manto de arena sin huellas.

Sabrina Feliz
justlittlerandomwritings
Leer sus escritos

44 visitas

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Búsqueda avanzada

Entradas relacionadas