No puedo habitar eternamente el sueño en el que soy todo,
y lo nuevo es una cara reconocible de lo que ya había,
en donde las ventanas, el prado y los zapatos de Mariana huelen a café.
Yo vengo desde la tierra y lo que de ella viene es duro y perenne.
Para entrar al otro sueño, ella me impulsa,
y mi amiga ―la que ha crecido―
mi madre ―la que ríe―
y la paloma que pulula sobre mi mesa.
En ese
y en todos los sueños
soy cosa verdadera.
La boca que prueba el café
el arco alto del pie izquierdo
el músculo de la espalda que me atropella el cuello.
En todos los sueños soy entraña expuesta.
En mí la tierra se enmascara de brisa.

Lina M. Betancourt
linabetancourt.com
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