Copamos las calles.
Como viejos puñales
que no matan despertamos,
y buscamos,
entre cuerpos iguales
que se mueven,
la cadencia del sol,
que es la cadencia de un canto.
Febo abraza
(desde San Lorenzo),
a los hombres y mujeres
del país entero,
que son el uno y son el otro,
en el blanco y el celeste.
Somos agua y somos sangre,
el sueño lejano que soñaron
antes…
¿Cuántas familias?
¿Cuántos nombres?
Seguro muchos,
no los hemos de olvidar.
Se levanta la ola.
Yo te busco
y no te encuentro;
somos todos tus manos
y la blanquiceleste bandera,
que todavía llora
su dolor de mateada
y de arena.
Llora sus traidores,
los infames, que en su nombre
levantan la vieja cadena,
que nos venden en remates
y que matan.
En silencio nos matan.
Yo les digo
que se equivocan.
La patria es una
y esta sola.
Es el hambre de gloria
y el filo de un sable,
es la estrella que ganamos
y las muchas caras.
Es el aula que enseña,
el profe que enseña,
el pibe que enseña.
Así que digo
Oíd, Mortales:
somos marea,
vamos reclamando;
somos estudiantes,
vamos caminando.

Alejandro Kosak
La biblioteca de arena
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