Sabías que prefería el bronce y aun así oro me diste;
que estaba hecha en tierra, mas por mar me llevaste.
Sabías que causabas olas en mi sobrio lago, manso,
tal vez por de una corriente de hastío amor desgaste.
Sabías de dibujo, en mi lago pintaste guirnaldas
que sombreabas con de tus labios gentiles palabras.
Sabías de literatura, en su reflejo escribiste el tuyo
sin importar si la tinta mi pensamiento manchaba.
Sabías de todo y yo, creyéndome experta,
no sabía que de ignorante pecaba.
O, quizás, decidí olvidarlo con tal de aprender
a hacer sempiternas tus enseñanzas.



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