Abandonó la habitación sin cerrar la puerta. Caminó sollozante escaleras arriba, hasta la terraza. El viento comenzó a arrebatarle las lágrimas y ese cabello tumultuoso que tenía le cubría la palidez del rostro. Se acercó al borde inacabado de material noble, soltó el papel que llevaba incrustado en el puño y prorrumpió en llanto, encogiendo los ojos, encorvándose hacia el abismo y rasgándose el pecho. A pesar de todo, mantuvo silencio. Así fuera de día o de noche, nadie notaría su ausencia. Ni nadie notaría su presencia, así esté destrozada, cinco niveles más abajo, al lado de un basural, con el cuerpo por los suelos.

Pablo Alejos Flores
@pabloalejosflo
Leer sus escritos


Replica a Pablo Alejos Flores Cancelar la respuesta