Era aún de día cuando la célebre frase fue dicha. A aquella hora, el paisaje virgen maravilló la vista de aventureros que no verían su propia fama. Encontraron lo que nunca habrían osado soñar: “Esta es la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto”. Tenían razón.
Comenzó aquel año la mezcla, el júbilo, la riqueza; y el silencio, y el tormento, y la sumisión de los unos por los unos y los otros. Descendientes de la cultura universal llegaron para quedarse y mezclar su sangre con otras. Resultó que el (Nuevo) Mundo —tan viejo, tan nuestro— tenía ya huellas de unos inocentes pies desnudos, hechos de bronce y de miel, con dientes en las uñas, afilados de aquellas Xochiyáoyotl.
Era ainda noite,
quando o amor trouxe guerra,
a guerra, dor,
a dor, união,
a união, esperança,
e a esperança nos trouxe aqui.
Eran. Y aún somos
huacas entre los escombros,
pututus que surcan el tiempo,
nimbos sacros
“forjados”
con la rugosidad de nuestras pieles,
somos creencias, sobre todo,
en que por la naturaleza vinimos,
a la humanidad pertenecemos
y a la naturaleza volvemos.
Uyariykuy,
la tierra será por siempre
vestigio de esta pluralidad,
y el viento susurrará
nuestros anhelos donde sea que esté:
Uyariykuy sunquyta, kachkaniraqmi!
El maíz de la tierra
se tornó plural,
y la yuca fue multiplicada,
dividida y reinventada
entre dientes de bocas
blancas, rojas,
carmelitas, negras.
Y comieron el pan
del Corpus Christi,
y bebieron la Sanguis Christi,
y adoraron al Dominus
como a su propio Deus Unus et Omnipotens,
in nomine Patris,
et Filii,
et Spiritus Sancti.
Pero los santos de la Iglesia
adquirieron, en este nuevo suelo, sin saberlo,
otros tonos en las ropas,
y fueron rebautizados
bajo nombres extranjeros,
y amaron estos nombres,
y los abrazaron,
y no los soltaron jamás:
San Pedro, Ogún;
San Lázaro, Babalú Ayé;
San José, Osain;
San Francisco de Asís, Orula;
Santa Bárbara, Changó;
Virgen de las Mercedes, Obatalá;
mi Virgen de la Caridad del Cobre,
Ochún…
Y se mezclaron la pomadita
con los palitos chinos,
la hamaca, la canoa,
el areíto con el ñame,
el quimbombó,
el bongó y el guaguancó.
Se mezclaron las aceitunas,
el azafrán,
las peleas de gallos,
la décima,
la guitarra y el carnaval
con las empanadas de carne,
las salchichas,
el vudú y el calipso.
¿El resultado?
Guacamole, marimba, pupusas,
garífuna, güegüense,
son cubano, merengue,
joropo, cumbia,
nikkei, tango, samba,
kriol…
It is as we are:
though linked to our roots,
yet open to new paths.
Es aún el alba, eternamente, cuando abrazamos los tiempos durante una yunsa variopinta con arte kené en nuestras pieles, en redor de un queñual de amores acompañado por una pachamanca y un pisco que aromatizan el compás del viento en estas ojotas de caucho con ornamentos de huairuro y cantos del río para los cielos.

Pablo Alejos Flores
@pabloalejosflo
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Dany Perag
@danypera2707
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