Ígneos

Si estuviera en Ucrania,en la ruta entre Irpin y Kieventre sirenas, cenizas y puentes cuarteados,con la muchedumbre escuchando a curasmientras se alejan del espanto,y tu pecho se abrieracomo las puertas del cielo:                                 tórrido abrazocon una rosa blancaentre mis guantes de camuflajedijera:          Da!          Так, я приймаю!          Acepto tu abrazo          que no dice al mundo te amo,          porque las cosas para mi oído          meSigue leyendo «Ígneos»

El daño inmutable

Ya no cuento el tiempo,ya no espero que avance,algo de mí no pertenece aquí,sino a ti, que eras yo. Y yo, inmutable, ya no advierto los destrozos,solo espero en el exilioescuchar del viento los aullidosen su éxodo invisibley no se encuentre en mis harapos,de sus sueños desterrados,la canción que ya no suenaen mi radiocassette oxidado.Sigue leyendo «El daño inmutable»

La despedida

Tic-Tac. Tic-Tac. Comenzaba a amanecer. El tono arrebol del cielo entraba por los ventanales, señalándome sin misericordia la salida de tu habitación. A mí, que me abrazaba a tu cintura, en un último intento por sentir el calor de tu piel. Era tarde. Y tenía que huir: de lo nuestro. De ti y de mí.Sigue leyendo «La despedida»

La decisión

Estático, inmóvil, con los ojos en blanco, apático, y dócil, en la sombra del duelo, inconsciente y atrapado, durmiendo despierto, en el coma varado, con los párpados de acero, a la frente grapados, en la niebla de un pobre sueño. Desperté como siempre, con la mente apagada, minutos de malestar, párpados pesados, autoestima sucia ySigue leyendo «La decisión»

Canguro del futuro

Con su mochila cargada de los restos de ese extraño objeto interestelar, la mamá canguro se rascó el pelaje fluorescente y se encaminó, a saltos, hacia el refugio nuclear abandonado. La descripción de aquel lugar le resultaba inefable. Predominaba el ambiente grisáceo, y los demás canguros le esperaban con cautela; se encontraba en el «CentroSigue leyendo «Canguro del futuro»

La casa

Mi primer regalo de navidad fue una casa; ha sido mi regalo favorito, aún la conservo y la llevo conmigo a todos lados. Llevo casi tres décadas correteando al solsticio apurando la primavera sobornando al reloj justificando mi afán fantaseando con fechas que no llegan creyéndome dueña del tiempo convencida de que son un hechoSigue leyendo «La casa»