Me siento realizado,
con la lluvia acompañándome,
vivaz extrañamiento
ya que no hay mucho para decir,
y aun así
escribo.
Por la potestad intransigente
que presta significación
a todas las memorias circundantes
del transcurrir rutinario
sin diferenciarse unas de las otras,
nostalgia en estado puro.
Cristalización de los recuerdos,
puesta en práctica de la teoría
que demuestra que todo es insignificante,
aunque haya rumbo definido o no,
la negación es parte de la aceptación
que dignifica nuestras palabras,
que nos permite saborear
una cercanía con un futuro mejor,
porque por eso escribo.
Y entonces escribo
porque la imposición se presta sincera,
porque las ganas rebalsan la copa,
porque se puede soñar estando despierto
y las razones se convierten así
en un listado interminable de metas
que se van cumpliendo una a una
gracias a que escribo,
salto de fe irrealizable,
si no fuera porque confío en la posibilidad
de encontrar en la alteridad de las letras
una manera de sentirme bien.



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