—Dale, el arroz está pronto.
—Ufa, otra vez perdiz.
—Dale que te encanta.
—Dale que te encanta otra cosa.
Stefania reprimió una risita, mirando de reojo a su primo Renzo. Le acarició la cintura y empezó a comer rapidito, haciéndose la tímida.
—A ver si te gusta.
La madre de Stefania miraba, severa, como siempre. La abuela sonreía muy lúcida.
—Mmmh. Rico. Suave.
Stefania volvió a soltar una risita. Al sentirse observada por la madre, se puso un poco nerviosa y bajó la mirada. El cuchillo se le cayó con estrépito al piso.
—Te lo levanto —le ofreció él.
—No hace falta, se te enfría la comida.
Se agachó entre los pies de Renzo a juntarlo. Con el hombro al aire le frotó la rodilla. Una cosquilla les recorrió el cuerpo.
Renzo amagó a alcanzarle el tenedor con un bocado. Los ojitos pícaros.
—A ver, esa boca.
Las señoras carraspearon.

Fabio Descalzi
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